El regreso del APRA: marketing de resurrección o reciclaje del viejo régimen

El Partido Aprista Peruano volvió a estar legalmente habilitado. El Jurado Nacional de Elecciones notificó en marzo de 2023 que el APRA quedó formalmente inscrito en el Registro de Organizaciones Políticas, con lo cual puede competir en las elecciones generales de 2026. Eso es un hecho; otra cosa es venderlo como “renovación” cuando hablamos de la vieja maquinaria del poder que ya conocemos.

Para 2026, el propio JNE fijó el 12 de abril de 2026 como fecha de comicios y estableció plazos de inscripción y alianzas; es decir, la carrera está en marcha y los aparatos se reacomodan.

¿Qué significa “regresar”? Volver al registro no es volver a la hegemonía

En términos electorales, el APRA no parte de la cima, parte abajo: encuestas citadas por la prensa lo sitúan en torno al 1 % de intención de voto a inicios de 2025. Hay marca, hay recuerdo, hay redes… pero no hay arrastre popular. La “vuelta” es, sobre todo, una campaña de marketing de resurrección en un país hastiado de los mismos apellidos.

El aprismo pretende capitalizar nostalgia y orden: un relato de “experiencia” en medio del caos. Pero la experiencia que ofrecen no es la del trabajo, pan y soberanía, sino la de un gestor obediente de la receta neoliberal. Eso ya lo vivimos y los resultados están en la memoria social.

Memoria que no prescribe: Odebrecht, Línea 1 y el segundo gobierno de García

No hay regreso inocente sin pasar por caja de la memoria. La Línea 1 del Metro de Lima, adjudicada durante el segundo gobierno de Alan García (2006–2011), aparece una y otra vez en el expediente peruano de Odebrecht: hubo reconocimiento de sobornos por la empresa y confesiones que detallaron cómo se “pactaron” coimas con funcionarios. No es propaganda: son actas, reportajes y diligencias fiscales.

Los interrogatorios a Jorge Barata y los trabajos de investigación periodística ubican la obra del Metro de Lima como prioridad política y señalan pagos ilícitos vinculados al proceso. La academia y centros de investigación han documentado, además, el giro programático del aprismo en 2006 hacia una agenda promercado, muy lejos del ideario original. Ese es el “legado” que vuelve.

Una “vuelta” con cuentas internas: facciones, expulsiones y viejas caras

Quien pretende volver “renovado” debería explicar su desorden orgánico. Hubo expulsiones en pleno corazón del aparato —como la del entonces secretario general Elías Rodríguez— y peleas por patrimonio e investigaciones que involucran a dirigentes históricos. No es un chisme: está publicado y documentado.

El protagonismo de Mauricio Mulder —ex secretario general y hoy figura clave— ha estado rodeado de denuncias y disputas difundidas por la prensa (venta del local de La Tribuna, pugnas por control partidario). Más allá de cómo terminen esos procesos, la fotografía política habla sola: no hay renovación generacional sólida; hay reciclaje de cuadros.

Por qué el sistema los necesita (y por qué el pueblo no)

Desde una óptica marxista, el APRA “regresa” porque al bloque de poder le conviene mantener piezas conocidas: partidos de orden que garanticen continuidad del modelo, pongan “rostros históricos” en la boleta y canalicen el descontento hacia alternativas domesticadas. En ese tablero, el aprismo opera como válvula: promete gobernabilidad, lenguaje de “centro” y pacto con los grupos económicos.

Pero lo que necesita el pueblo no es volver a un bipartidismo de museo, sino salario digno, seguridad social, transporte público robusto, control de precios estratégicos y soberanía sobre recursos. Eso exige ruptura con el continuismo, no su refundación con logo vintage.

La narrativa del “orden” vs. el orden real del capital

El libreto es predecible: “experiencia”, “estabilidad”, “internacionalización”, “mano firme contra el crimen”. ¿Quién puede estar contra la estabilidad? Nadie. La pregunta es qué estabilidad y para quién. Estabilidad para que los monopolios sigan saqueando no es paz social, es continuidad de la crisis con maquillaje. La experiencia que ofrecen es la de la “economía chorreo”, los contratos a la medida, los peajes de la corrupción. Los expedientes de Odebrecht lo recuerdan cada vez que se intenta pasar la página sin leerla.

¿Tiene chances el aprismo? Sí, si la izquierda se duerme

Con el hardware electoral listo (inscripción y plazos) y la desmovilización popular a la que apuestan ciertos medios, el APRA puede raspar votos en territorios donde aún conserva redes. Si la izquierda cae en el sectarismo, si no arma frentes sociales territorializados, si no convierte malestar en programa, la “vuelta” aprista podría colarse al Congreso y negociar cuotas. Eso ya lo vivimos.

Qué hacer (sí, qué hacer) ante el “regreso”

  1. Memoria activa, sin indulgencias: insistir en datos y expedientes (Línea 1, confesiones, cronologías, giros programáticos). No es revancha, es pedagogía política.
  2. Programa de ruptura: trabajo formal con derechos, plan nacional de transporte público con financiamiento progresivo, reforma tributaria para tocar rentas altas y plusvalías, soberanía energética y sanidad universal.
  3. Territorio y organización: sindicatos, ollas, comités barriales y estudiantes, todos en comités locales con microcampañas (precios, buses, seguridad con enfoque social).
  4. Listas sin mercenarismo: reglas internas de no financiación corporativa, rendición de cuentas pública y paridad real.
  5. Comunicación de trinchera: contra-narrativa que desmonte la “historia oficial” del regreso.

Porque la política no se derrota en titulares, se derrota en calles, centros de trabajo y urnas con organización consciente.

Conclusión combativa

El regreso del APRA no es la vuelta de un ideal traicionado, es la tentativa de reciclar el viejo régimen. Vuelven porque el sistema necesita administradores confiables del mismo modelo. No nos confundamos: registro vigente no es legitimidad social; nostalgia no es proyecto; marketing no es memoria. Si los pueblos organizados ponen la agenda, el “regreso” será apenas un acto menor en la película de la transformación. Si no, tendremos otra vez Parlamento para negociar y Gobierno para obedecer.

Redacción Izquierda

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