La tensión en el Pacífico ha alcanzado un punto crítico. En un comunicado oficial emitido esta mañana, el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) lanzó una advertencia lapidaria: el programa de capacidad nuclear de Japón «debe detenerse a toda costa». Para Corea del Norte, el giro militarista de Tokio no es solo una violación de los tratados de posguerra, sino una amenaza existencial que podría provocar una «catástrofe sin precedentes para la humanidad». Desde Diario Izquierda, analizamos este fenómeno no como un conflicto aislado, sino como el resurgimiento del militarismo nipón bajo el ala protectora del imperialismo estadounidense.
El retorno del militarismo y la dialéctica de la agresión
Para comprender la alarma de Corea del Norte, debemos aplicar el materialismo histórico. Japón, tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial, fue obligado por su propia Constitución a renunciar a la guerra. Sin embargo, bajo la presión de Washington para contener el avance de China y la soberanía de la RPDC, la burguesía japonesa ha iniciado una remilitarización acelerada.
Como señaló V.I. Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, las potencias imperialistas nunca renuncian voluntariamente a su capacidad de agresión. Lo que estamos viendo en 2025 es el desmantelamiento de la «fachada pacifista» de Japón. El desarrollo de tecnologías que pueden convertirse rápidamente en un arsenal nuclear —gracias a sus enormes reservas de plutonio y su avanzada industria aeroespacial— representa el retorno de un actor que históricamente ha sembrado el terror en Asia.
La hipocresía del «orden basado en reglas»
Resulta cínico que el G7 y la OTAN guarden silencio ante las ambiciones nucleares de Japón mientras imponen sanciones brutales a Corea del Norte por su programa de autodefensa. Aquí vemos el doble rasero imperialista: el arma nuclear en manos de un aliado de EE. UU. es «estabilidad», pero en manos de una nación que se niega a ser colonia, es «amenaza».
Para la RPDC, su arsenal nuclear es un disuasivo de clase y nacional contra la repetición de la ocupación colonial japonesa (1910-1945). Como advertía José Carlos Mariátegui, el imperialismo no es solo económico, sino que se manifiesta en la imposición de una hegemonía militar que asfixia a los pueblos. La advertencia de Pyongyang es, en esencia, un recordatorio de que un Japón rearmado es un peligro para toda la clase trabajadora asiática, que aún guarda las cicatrices del expansionismo del siglo pasado.
La amenaza a la humanidad: Una lectura maoísta
El comunicado de Corea del Norte menciona una «catástrofe para la humanidad». Siguiendo el pensamiento de Mao Tse-tung, entendemos que el imperialismo es un «tigre de papel» en lo estratégico, pero un «tigre real» en lo táctico, capaz de destruir millones de vidas. Un error de cálculo en una de las regiones más militarizadas del planeta podría desencadenar una guerra nuclear total.
Japón posee toneladas de plutonio separado, suficiente para fabricar cientos de ojivas en cuestión de meses. Esta «nuclearización latente» es el verdadero peligro. El régimen de Tokio, empoderado por la administración estadounidense en su búsqueda de un «policía regional», está jugando con fuego sobre un barril de pólvora. La historia nos enseña que cuando una potencia industrial en crisis opta por el militarismo, el resultado suele ser el fascismo y la guerra externa.
Conclusión: ¿Quién amenaza realmente la paz?
Desde Diario Izquierda, rechazamos la narrativa que etiqueta a Corea del Norte como el agresor. Un país que ha sido amenazado constantemente con «fuego y furia» y rodeado de ejercicios militares masivos tiene el derecho y el deber de denunciar el rearme de su antiguo colonizador.
La paz en Asia no se logrará con más ojivas japonesas ni con la presencia de portaaviones yanquis. La paz real solo vendrá con la desnuclearización total de la península y del archipiélago, pero empezando por el retiro de las fuerzas imperialistas que han convertido al Pacífico en un tablero de ajedrez sangriento.
¡No al rearme militarista de Japón! ¡Fuera el imperialismo de Asia! ¡Por la soberanía de los pueblos!


