Eugenesia: la pseudociencia del racismo y la opresión de clase

La eugenesia es una ideología y práctica pseudocientífica que sostiene que la humanidad puede “mejorar” controlando la reproducción de las personas, favoreciendo a quienes supuestamente tienen “mejores características” y evitando que se reproduzcan aquellos considerados “inferiores”. Surgida a finales del siglo XIX de la mano de Francis Galton, la eugenesia fue presentada como ciencia, pero desde el inicio estuvo atravesada por prejuicios racistas, clasistas y patriarcales.

En la práctica, nunca fue un proyecto neutral: sirvió para justificar la dominación de las clases y razas consideradas “superiores”, legitimando políticas de esterilización forzada, segregación, control reproductivo y, en su forma más extrema, exterminio.

Eugenesia y capitalismo: control social disfrazado de ciencia

En el capitalismo, la eugenesia ha funcionado como un instrumento de control social. Bajo el discurso de “mejorar la raza” o “proteger la salud pública”, se han impulsado políticas que en realidad buscan reducir la población de sectores empobrecidos y oprimidos, mientras se favorece la reproducción de las élites.

Durante el siglo XX, países como Estados Unidos, Canadá, Suecia y Australia aplicaron programas de esterilización forzada sobre pueblos originarios, personas con discapacidad, mujeres pobres y minorías raciales. Todo esto con respaldo de gobiernos, universidades y fundaciones empresariales, que veían en la eugenesia una herramienta para “ahorrar” en gasto social y mantener el orden establecido.

El caso extremo: el nazismo

El ejemplo más conocido y brutal de la eugenesia fue el implementado por la Alemania nazi. Bajo la doctrina de la “pureza racial”, el régimen hitleriano llevó a cabo esterilizaciones masivas, prohibiciones matrimoniales y finalmente el genocidio de judíos, gitanos, personas con discapacidad y otros grupos considerados “indeseables”.

Pero sería un error pensar que la eugenesia murió con el nazismo: muchas de las leyes eugenésicas de otros países siguieron vigentes décadas después de la Segunda Guerra Mundial, y la mentalidad que las sustentaba continuó presente en la política, la medicina y la educación.

Eugenesia encubierta en el presente

Aunque hoy la palabra “eugenesia” está desacreditada, sus principios siguen vivos en ciertas políticas y discursos. El control de natalidad dirigido específicamente a comunidades pobres, la discriminación en el acceso a tratamientos médicos, las campañas que presentan a las personas con discapacidad como “cargas” para la sociedad y el uso de tecnologías de edición genética con fines de selección social son formas modernas de eugenesia.

Incluso en el lenguaje cotidiano, cuando se justifica la desigualdad diciendo que “algunos no están capacitados para progresar” o que “la pobreza se hereda”, se está repitiendo el núcleo ideológico de la eugenesia: culpar a las víctimas del sistema por su situación, en lugar de cuestionar las estructuras de explotación.

Eugenesia y lucha de clases

Desde el marxismo-leninismo, la eugenesia es una herramienta ideológica de la burguesía para justificar y perpetuar las desigualdades. En lugar de reconocer que las condiciones materiales —salud, educación, vivienda, alimentación— determinan las posibilidades de desarrollo humano, la eugenesia inventa supuestas “inferioridades” biológicas para naturalizar la explotación.

En este sentido, la eugenesia no es simplemente racismo o discriminación: es un mecanismo de legitimación del orden capitalista, que convierte la opresión de clase en una cuestión “natural” e inmutable.

La ciencia real contra la pseudociencia eugenésica

La biología, la genética y la medicina modernas han demostrado que las ideas eugenésicas carecen de fundamento científico. Las capacidades humanas no están determinadas de manera rígida por “sangre” o “raza”, sino por una compleja interacción entre factores biológicos, sociales y ambientales.

Sin embargo, las corporaciones y ciertos sectores políticos intentan revivir la eugenesia bajo discursos aparentemente “progresistas”, como la “optimización genética” o la “selección de embriones”, que pueden abrir la puerta a un nuevo elitismo biotecnológico. La lucha contra estas tendencias requiere no solo argumentos científicos, sino una postura política clara: la vida humana no puede ser valorada en función de su utilidad económica o su conformidad con un estándar arbitrario de “perfección”.

Conclusión: derrotar la eugenesia como ideología y práctica

La eugenesia, en todas sus formas, es incompatible con una sociedad justa. Representa la negación de la igualdad humana y el intento de someter a los pueblos a criterios de valor impuestos por las clases dominantes. Combatirla implica desenmascarar sus disfraces modernos, desde las políticas de control poblacional selectivo hasta el elitismo genético, y reemplazarla por una visión socialista de la salud y el desarrollo humano: garantizar a todos y todas las condiciones materiales y sociales para desplegar plenamente sus capacidades.

En una sociedad socialista, la ciencia y la medicina estarían al servicio de la vida y el bienestar colectivo, no de la selección y exclusión. Solo en un mundo sin explotación de clase y sin opresión racial podrá desterrarse definitivamente la ideología eugenésica y construir un futuro donde la diversidad humana sea valorada y protegida.

Redacción Izquierda

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