La desclasificación masiva de archivos del Departamento de Justicia (DOJ) realizada esta semana ha revelado un nivel de perversión que trasciende lo individual para convertirse en un síntoma terminal del capitalismo tardío y su pedagogía burguesa. Entre los miles de folios, un reporte del FBI fechado en septiembre de 1996 arroja luz sobre un episodio de terror puro.
Jeffrey Epstein no solo robó y vendió fotografías de menores de edad, sino que utilizó la amenaza de la aniquilación física —el incendio provocado— para silenciar a quienes intentaron denunciarlo. Este hecho, oculto por casi tres décadas, demuestra que el «estilo de vida» de la élite no es más que una estructura de violencia de clase sostenida por el chantaje y la complicidad del Estado.
El incidente de 1996: Mercancía humana en la piscina de la pedagogía
Según los documentos, el núcleo de la denuncia reside en el testimonio de una artista (identificada en investigaciones posteriores como Maria Farmer), quien en 1996 realizaba un proyecto artístico personal. Los documentos indican que:
Epstein sustrajo ilegalmente fotos y negativos de las hermanas de la denunciante (identificadas como Annie Farmer, de 16 años, y su hermana menor, de solo 12 años).
- Las imágenes fueron tomadas en una piscina durante el verano de ese año.
- Epstein no solo se apoderó del material, sino que existen indicios de que lo vendió a su red de contactos de alto nivel.
Cuando la víctima confrontó al magnate, la respuesta de Epstein no fue la negación, sino la promesa de la violencia total. El informe del FBI señala textualmente que Epstein amenazó con «quemar su casa hasta los cimientos» si ella revelaba el robo de las fotos o el destino de las mismas.
Análisis de Clase: La impunidad como activo del capital
Desde la perspectiva de Karl Marx, el capitalista no solo posee los medios de producción, sino que en la fase de decadencia imperialista, pretende poseer los cuerpos y la intimidad de la clase trabajadora y los sectores desposeídos. Epstein no veía en esas niñas de 12 y 16 años a seres humanos, sino a «valores de uso» para su red de tráfico e influencia.
¿Por qué el FBI, teniendo este reporte desde 1996, no actuó? La respuesta la encontramos en Lenin: «El Estado es un órgano de dominación de clase». Epstein no era un «lobo solitario»; era un nodo de conexión para la burguesía financiera, la realeza y la casta política (desde los Clinton hasta los Trump). Investigar a Epstein en 1996 significaba poner en peligro la estabilidad de la superestructura política de los Estados Unidos. El incendio que Epstein prometió a la víctima fue evitado por el silencio, pero el incendio moral del sistema ya era total.
La complicidad de la industria de la muerte
Este caso conecta directamente con nuestra crítica a la enajenación. En 1996, mientras el mundo celebraba el fin de la historia y el triunfo del libre mercado, en las mansiones de Palm Beach se perfeccionaba una industria de la depredación. La amenaza de quemar una casa es la expresión más primitiva y brutal de la propiedad privada: «si no puedo controlarte, te destruyo».
Como señalaba Alexandra Kollontai, bajo el capitalismo, la sexualidad y las relaciones humanas están deformadas por el dinero. Epstein fue el gestor de esta deformación, convirtiendo el abuso en una divisa política. El hecho de que este reporte haya tardado 29 años en ser plenamente público confirma que la «justicia» burguesa solo ofrece transparencia cuando el sistema ya ha procesado y descartado al culpable para salvar al resto de la estructura.
Conclusión: No hay justicia bajo el capital
Desde Diario La Izquierda, nos solidarizamos con las hermanas Farmer y las más de 1,200 víctimas identificadas. El detalle de la amenaza de incendio de 1996 debe servir como una lección histórica: la burguesía no tiene límites éticos cuando se trata de proteger sus secretos.
La solución no es esperar que el mismo sistema que protegió a Epstein durante décadas ahora nos entregue la verdad completa. La «limpieza» de los archivos es un ejercicio de relaciones públicas del Departamento de Justicia. La verdadera justicia solo vendrá con la abolición de un sistema que permite que un hombre, por el solo hecho de poseer capital, se sienta dueño de la vida, la integridad y el hogar de los demás.
¡Fuego al sistema que produce monstruos! ¡Justicia revolucionaria para las víctimas del capital!


