En un acto que evoca las épocas más oscuras del intervencionismo colonial en el Caribe, la administración de Donald Trump ha ordenado al Pentágono la implementación de un cuasi bloqueo de petroleo contra Venezuela. Según funcionarios citados por la agencia Reuters, el despliegue, que incluye unidades de la Marina y la Guardia Costera tiene como objetivo asfixiar las rutas de exportación e importación de crudo durante al menos dos meses.
Desde Diario La Izquierda, denunciamos esta maniobra no como una medida de «presión democrática», sino como un acto de guerra económica abierta y una violación flagrante del derecho internacional que busca el control total de los recursos energéticos por parte del capital financiero estadounidense.
El petróleo como botín de guerra imperialista
Para entender esta orden, debemos aplicar el análisis de V.I. Lenin sobre el imperialismo. El control de las materias primas es el pilar de la hegemonía de las potencias. Venezuela, poseedora de las mayores reservas de petróleo del mundo, representa un obstáculo para el monopolio energético que Washington pretende imponer en el hemisferio occidental.
El despliegue militar en el Caribe no es para combatir el narcotráfico, retórica oficial que nadie cree, sino para establecer un cordón de hierro que impida a Venezuela comercializar su recurso más valioso. Como señaló José Carlos Mariátegui, el imperialismo no tolera naciones que intenten trazar un camino de desarrollo independiente de las metrópolis. El bloqueo es la herramienta del «garrote» para castigar a un pueblo que se niega a ser una colonia gasolinera de los Estados Unidos.
La Marina y la Guardia Costera: Los nuevos corsarios del capital
El uso de la Marina y la Guardia Costera para interceptar buques en aguas internacionales es una forma moderna de piratería de Estado. En términos materialistas, Estados Unidos está utilizando su superestructura militar para resolver una contradicción económica: su necesidad de petróleo barato y su incapacidad para someter políticamente al gobierno de Caracas por vías diplomáticas.
- Estrategia de asfixia: Al bloquear el flujo petrolero, el imperialismo busca generar un colapso en los servicios básicos para provocar un estallido social («caos inducido»).
- Prioridad estratégica: La orden de Trump al Pentágono indica que la «cuestión venezolana» ha pasado de ser un tema de sanciones a ser un objetivo militar directo de corto plazo (60 días críticos).
La dialéctica de la resistencia: El pueblo vs. el Pentágono
Siguiendo el pensamiento de Mao Tse-tung, este bloqueo es un intento de cercar a las ciudades (las naciones soberanas) desde el campo (el control de las rutas marítimas). Sin embargo, la historia demuestra que las sanciones y los bloqueos a menudo generan el efecto contrario: la consolidación de la unidad nacional frente al agresor externo y la aceleración de alianzas multipolares.
Venezuela no está sola. La implementación de este bloqueo por parte de Trump obligará a potencias como China y Rusia a profundizar su apoyo logístico, desafiando la doctrina Monroe que Washington intenta resucitar. La lucha por el petróleo venezolano es, en última instancia, la lucha por el fin de la unipolaridad.
Conclusión: El imperialismo es el enemigo de la paz
Desde Diario La Izquierda, hacemos un llamado a la solidaridad internacionalista con el pueblo venezolano. El bloqueo petrolero es un crimen de lesa humanidad, ya que impacta directamente en la alimentación, la salud y el bienestar de millones de trabajadores.
La «paz» que promete el imperialismo es la paz de los cementerios o la de los esclavos. La verdadera paz solo vendrá con el respeto absoluto a la autodeterminación de los pueblos y la derrota del sistema capitalista que necesita la guerra y el saqueo para sobrevivir a sus crisis cíclicas.
¡Abajo el bloqueo criminal contra Venezuela! ¡Fuera la Marina yanqui del Caribe! ¡Soberanía o muerte!


