Mientras el mundo occidental celebraba la Navidad, el estruendo de los misiles de crucero Tomahawk sacudía el estado de Sokoto, en el noroeste de Nigeria. El Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha difundido imágenes de un destructor de la Marina lanzando un ataque masivo contra supuestos objetivos del Estado Islámico (ISIS).
La orden, firmada directamente por Donald Trump, se presenta ante la opinión pública como una respuesta humanitaria y religiosa a los brutales ataques yihadistas contra comunidades cristianas. Sin embargo, detrás de la retórica de la «protección de la fe», se esconde la verdadera agenda: la expansión del control militar yanqui sobre los recursos estratégicos del continente africano.
La religión como pretexto, el capital como motor
Para comprender la intervención en Sokoto, debemos aplicar el análisis de V.I. Lenin sobre el imperialismo. El uso de la causa de los «cristianos perseguidos» no es más que una cobertura ideológica para lo que Lenin definía como el reparto territorial del mundo por parte de las grandes potencias. Nigeria no es cualquier país; es el mayor productor de petróleo de África y posee vastas reservas de minerales críticos.
Trump, fiel a su estilo de «líder del mundo cristiano», utiliza el clamor legítimo de las víctimas de la violencia yihadista para justificar el despliegue del AFRICOM (Mando de África de EE. UU.). Pero como bien advertía José Carlos Mariátegui, el imperialismo no tiene religión, solo tiene intereses económicos. La protección de las minorías es el caballo de Troya para instalar bases permanentes y asegurar que los recursos nigerianos sigan fluyendo hacia los mercados occidentales, lejos de la influencia de China o Rusia.
Los Tomahawk en Nigeria: ¿Seguridad o desestabilización?
El lanzamiento de misiles desde destructores en el Atlántico hacia el interior de Nigeria marca una peligrosa escalada en la guerra asimétrica. En términos materialistas, Estados Unidos está exportando su excedente bélico para resolver una contradicción geopolítica.
La historia nos enseña, desde Libia hasta Afganistán, que las intervenciones aéreas estadounidenses no erradican el extremismo; al contrario, lo alimentan. Al destruir infraestructuras y causar bajas civiles, los Tomahawk de Trump crean el caldo de cultivo perfecto para que nuevos jóvenes, desposeídos y radicalizados por el hambre y la violencia, se unan a las filas del fundamentalismo.
El papel del Estado y la soberanía nacional
El hecho de que líderes cristianos locales hayan pedido la intervención demuestra la desesperación de un pueblo ante un Estado nigeriano fallido, incapaz de garantizar la seguridad mínima. No obstante, invitar al lobo imperialista para que cuide el gallinero es un error histórico. Mao Tse-tung señalaba que la contradicción entre el pueblo y el imperialismo es la contradicción principal en las naciones semicoloniales. Al aceptar los misiles yanquis, Nigeria cede jirones de su soberanía nacional a cambio de una «paz» efímera y militarizada.
El noroeste de Nigeria, y específicamente el estado de Sokoto, se ha convertido ahora en un laboratorio de pruebas para la nueva doctrina de intervención rápida de Trump. La «Navidad de fuego» en Nigeria es el aviso de que Washington no dudará en usar su músculo militar en cualquier rincón del Sur Global donde sus intereses estratégicos puedan ser disfrazados de misiones de rescate moral.
Conclusión: No hay paz bajo las alas del águila
Desde Diario La Izquierda, condenamos la violencia de ISIS, pero también denunciamos la hipocresía del imperialismo yanqui. Los misiles Tomahawk no traen justicia social ni resuelven el problema agrario o la pobreza extrema que son las verdaderas raíces del conflicto en Nigeria.
La verdadera solidaridad con los cristianos y con todos los trabajadores de Nigeria no vendrá de los destructores de la Marina de EE. UU., sino de la lucha unificada de las masas nigerianas contra el fundamentalismo y contra el saqueo imperialista. La liberación de África debe ser obra de los africanos mismos.
¡Abajo la intervención militar yanqui! ¡Ni ISIS ni imperialismo! ¡Soberanía para Nigeria!


