l corazón del imperio se vuelve a llenar de sangre, y con él, se desmorona una vez más la falacia del «sueño americano». Las primeras informaciones que llegan desde Rhode Island confirman un nuevo tiroteo masivo, esta vez en las aulas de la prestigiosa Universidad de Brown. Mientras los medios corporativos se apresuran a hablar de «lobos solitarios» o de «salud mental», nosotros, desde una perspectiva materialista histórica, señalamos al verdadero culpable: un sistema económico que ha convertido la violencia en una mercancía y al ser humano en un engranaje desechable. La masacre en Brown no es una anomalía; es la fase superior de la descomposición social estadounidense.
La mercancía de la muerte y la enajenación
Para entender por qué un individuo entra armado a un centro de estudios a matar indiscriminadamente, debemos recurrir a Karl Marx y su teoría de la enajenación. En la sociedad capitalista avanzada, el individuo está totalmente desconectado de su comunidad, de su trabajo y de sí mismo.
En Estados Unidos, la violencia ha sido fetichizada. El arma de fuego no es vista como una herramienta, sino como un fetiche de poder y libertad individualista. El asesino de Brown es el producto de una sociedad que enseña que la competencia feroz y la eliminación del «otro» son las vías para la afirmación personal. La burguesía armamentista (la NRA y los fabricantes como Smith & Wesson o Colt) lucra con esta alienación. Necesitan una sociedad paranoica y atomizada para mantener sus tasas de ganancia. Cada tiroteo escolar dispara las acciones de las empresas de armas en Wall Street; es el ciclo macabro de la acumulación de capital manchado de sangre estudiantil.
El imperialismo vuelve a casa
No podemos disociar la violencia interna en Estados Unidos de su política exterior. Como nos enseñó Lenin, el imperialismo es la fase superior del capitalismo, caracterizada por la exportación de capitales y la guerra. Un Estado que bombardea hospitales en Gaza y financia guerras proxy en Europa del Este, normaliza la resolución de conflictos mediante el exterminio.
Lo que ha sucedido en Rhode Island es el efecto bumerán de la cultura imperialista. La misma lógica que justifica el dron militar sobre una aldea lejana justifica el fusil de asalto en una universidad. La violencia que el imperio exporta inevitablemente regresa a sus propias entrañas. La sociedad norteamericana está devorándose a sí misma, intoxicada por su propio belicismo.
La falacia de la «libertad» armada
Los libertarios locales y sus ecos en la derecha peruana (quienes proponen el libre porte de armas para combatir la delincuencia) deberían mirar hacia Rhode Island. La premisa liberal de que «una sociedad armada es una sociedad educada» ha quedado sepultada bajo los cadáveres de estudiantes universitarios.
El libre mercado de armas no garantiza la seguridad; garantiza la barbarie. En el capitalismo, el «derecho a portar armas» es, en realidad, el derecho de la burguesía a armar al lumpen y a los desclasados para que se maten entre ellos, desviando la atención de la verdadera lucha: la lucha de clases.
Como señalaba Mao Tse-tung, «el poder político nace del fusil», pero ese fusil debe estar bajo el mando del Partido y del pueblo organizado para su liberación, no al servicio del terror individualista y nihilista que promueve el capitalismo tardío. La violencia revolucionaria busca transformar el mundo; la violencia del tiroteo masivo es el grito desesperado y reaccionario de una sociedad que no tiene nada más que ofrecer que muerte.
Conclusión: El capitalismo mata
Desde Diario La Izquierda nos solidarizamos con las víctimas, que son, en última instancia, hijos de la clase trabajadora y la pequeña burguesía sacrificados en el altar del mercado.
Este evento trágico debe servir de advertencia para el Perú. Importar las recetas de seguridad y la cultura armamentista de Estados Unidos es importar su decadencia. La solución no es armar a cada ciudadano para una guerra de todos contra todos, sino desarmar a la burguesía y construir una sociedad socialista donde la vida humana valga más que las acciones de una fábrica de balas.


