El dólar no es solo una moneda: es el látigo financiero del imperialismo contemporáneo. Sanciones, embargos, exclusiones del sistema de pagos y confiscaciones de reservas han convertido a la divisa estadounidense en un mecanismo de disciplinamiento global. Por eso hoy vemos un movimiento, desigual pero persistente, para diversificar reservas, métodos de pago y monedas de comercio. ¿Hay desdolarización? Sí, pero es un proceso irregular y sectorial, empujado por el abuso de sanciones y por la búsqueda de soberanía financiera.
Hechos duros: reservas, pagos y oro
- Reservas oficiales: según el IMF/COFER, el peso del dólar en reservas lleva años cayendo gradualmente. La última actualización (4T-2024) confirma el ajuste del portafolio de bancos centrales, en un entorno de fragmentación geopolítica que incentiva a diversificar fuera del USD.
- Pagos globales: el RMB ya es la 4.ª moneda más usada en pagos globales por valor (marzo 2025: 4,13 %), aunque lejos del dólar; su ascenso es sostenido y acompañado por infraestructura propia.
- Trade finance: desde 2023, el RMB superó en momentos al euro como 2.ª moneda de financiación del comercio (cartas de crédito, etc.), consolidándose luego en torno al 6 % a fines de 2024, de acuerdo con SWIFT y análisis sectoriales. Es pequeño frente al USD, pero ya compite en un nicho estratégico.
- Sistema de pagos alterno: el CIPS chino (plataforma de pagos transfronterizos) movió ¥175 billones en 2024 y opera con 176 participantes directos y más de 1.500 indirectos, mostrando capacidad técnica para reducir dependencia de circuitos controlados por EE. UU. (SWIFT/clearing en dólares).
- Oro como seguro anti-sanciones: compras récord de bancos centrales en 2022 y 2023 (más de 1.000 toneladas por año) y un 2024 aún muy fuerte, reflejan una huida hacia activos “políticamente neutrales” tras el congelamiento de reservas rusas.
Traducción política: no se está “matando” al dólar, pero sí se le están creando bypass: pago en monedas locales, mayor uso de RMB en comercio y un colchón de oro para capear sanciones y devaluaciones.
El motor de fondo: la “arma financiera” de Washington
Las sanciones masivas y la incautación de activos han creado riesgos legales y políticos para tener reservas en jurisdicciones occidentales. Tras 2022, EE. UU., la UE y aliados congelaron unos 300.000 millones de dólares/euros del Banco Central de Rusia; Europa discute desde entonces si confiscar (no solo congelar) parte de esos fondos o sus intereses para financiar a Ucrania. El mensaje al Sur global fue clarísimo: “tu ahorro en nuestro sistema no es intocable”.
Incluso el propio Departamento del Tesoro de EE. UU. reconoce la expansión y centralidad de las sanciones en su caja de herramientas desde hace dos décadas. Cuando el dólar es el garrote, el mundo busca paraguas.
¿Dónde avanza la desdolarización? Tres frentes
- Liquidez comercial y cadenas de suministro
Países con lazos fuertes con China aceptan más RMB en comercio y financiamiento (especialmente tras el desvío del comercio ruso). No sustituye al USD, pero mitiga el riesgo de cortes forzados. - Infraestructura de pagos
CIPS no “reemplaza” a SWIFT, pero da redundancia. A esto se suman acuerdos bilaterales y líneas swap que permiten pagar sin pasar por bancos corresponsales de EE. UU.. La resiliencia del sistema aumenta y el costo de sancionar a todos, también. - Reservas a prueba de incautación
Oro como activo sin riesgo de contraparte y diversificación hacia otras monedas en la canasta estratégica de bancos centrales: signos concretos de cobertura frente a la discrecionalidad del hegemón.
Pero ojo: límites materiales del proceso
- El dólar sigue siendo el músculo del sistema: en el mercado de divisas, el USD está en un lado del 88 % de las transacciones (Encuesta Trienal del BIS). La profundidad del mercado y la liquidez de la deuda de EE. UU. siguen sin rival.
- Reservas: la caída del USD es gradual, no un desplome; el propio FMI advierte que el proceso es lento y condicionado por la estructura financiera global. No hay sustituto único en el horizonte.
- Heterogeneidad política: incluso dentro de BRICS, India acaba de recalcar que “desdolarizar” no está en su agenda, y que prefiere impulsar comercio en monedas locales caso por caso. No hay bloque monolítico.
Conclusión intermedia: desdolarizar no es “cambiar de amo”, sino construir redundancias (monedas locales, RMB en comercio, oro en reservas) para no ser chantajeados.
Por qué, desde la izquierda, este proceso importa
Porque rompe el monopolio de un instrumento de coerción. Si un país puede pagar combustible, alimentos y medicinas sin exponerse al bloqueo de deudas y cuentas en Nueva York o Bruselas, aumenta su autonomía para subir salarios, controlar precios estratégicos o nacionalizar sectores clave.
La desdolarización operativa —no de pancarta— es crear márgenes de maniobra: menos exposición a sanciones, más capacidad de planificar. Eso no cae del cielo: se construye con bancos públicos fuertes, acuerdos de compensación regional, convenios de monedas locales y fábricas funcionando.
Casos y señales tácticas que conviene mirar
- RMB en comercio: picos donde el RMB supera al euro como moneda de trade finance confirman que ya hay demanda por crédito y coberturas fuera del USD. No es hegemonía china; es multipolaridad funcional.
- CIPS: su volumen 2024 y el número de participantes muestran capacidad de enrutar pagos sin corresponsales occidentales, crucial para países bajo sanciones o riesgo de sanción.
- Oro: compras récord dos años seguidos y otro año fuerte en 2024 son voto de desconfianza hacia el “riesgo político” de los activos en dólares/euros. Diversificar reservas ya no es teoría.
Lo que NO es desdolarizar (y algunos mitos útiles al status quo)
- No es reemplazar el USD “de la noche a la mañana”. Es reducir su centralidad en puntos críticos (energía, alimentos, insumos).
- No es “poner al RMB en todas partes”. Es usar monedas locales, clearing regional y canastas donde convenga, sin fetiches.
- No es negar la liquidez incomparable del mercado del dólar; es no depender exclusivamente de ella para sobrevivir.
Hoja de ruta mínima para países periféricos (sí, se puede)
- Banca pública y acuerdos de compensación (tipo clearing regional) para netear importaciones/exportaciones sin pasar por el USD en cada operación.
- Contratos de energía/granos con cláusulas de moneda múltiple (RMB, moneda local, unidad de cuenta cesta) y mecanismos de cobertura no atados al dólar.
- Swap lines con socios comerciales y participación técnica en CIPS (o conectores equivalentes) para redundancia de pagos.
- Reservas con oro y diversificación gradual, asumiendo que la sanción hoy es un riesgo sistémico y no una excepción.
- Estadísticas y transparencia: la soberanía financiera no es opacidad; es planificación con control social para que la población vea y defienda la estrategia.
Cierre combativo
La desdolarización real no es un tuit, es infraestructura. Es romper el monopolio del castigo financiero y multiplicar rutas de pago para que nuestra comida, nuestra energía y nuestras medicinas no dependan del humor de una oficina en Washington. Sí, el dólar seguirá reinando en muchas capas del sistema; no, eso no justifica la sumisión. Desdolarizar —con cabeza fría y prioridades populares— es construir poder material para decidir precios, salarios e inversión sin la correa del chantaje. Ese es el camino: menos fetiche, más capacidad de mando económico.


