Asamblea Constituyente YA: romper el candado neoliberal del 93

La Constitución de 1993 no nació de un proceso democrático, sino del golpe fujimorista de 1992, en plena ofensiva del capital transnacional y bajo la tutela del imperialismo. No fue redactada para garantizar derechos al pueblo, sino para blindar el modelo neoliberal, privatizar el país y entregar sus recursos a la gran burguesía y a las corporaciones extranjeras. Por eso abogamos por la Asamblea Constituyente.

Este texto no es neutral ni “técnico”: es una carta de sometimiento al mercado. Cada artículo clave está diseñado para limitar la capacidad del Estado de intervenir en la economía, despojar de derechos laborales y destruir la soberanía nacional. El famoso “candado” es literal: bloquea cualquier transformación profunda por vía parlamentaria y obliga a que el país siga bajo el dogma del libre mercado aunque la mayoría del pueblo lo rechace.

Un origen ilegítimo y autoritario

La Constitución del 93 se impuso después del autogolpe del 5 de abril de 1992, con el Congreso cerrado, jueces destituidos y medios amordazados. La Asamblea Constituyente que la redactó no fue soberana: estuvo controlada por el fujimorismo y sus aliados, con una mayoría artificial producto de un proceso electoral sin condiciones democráticas.

Se plebiscitó en un referéndum amañado, en medio de un clima de miedo y violencia. No hubo participación real del pueblo, no hubo debate nacional, no hubo transparencia. La Constitución del 93 es, en esencia, un decreto del gran capital.

El candado neoliberal: cómo funciona y a quién sirve

El núcleo del “candado” está en artículos como:

  • Art. 60: el Estado solo participa en la economía de manera subsidiaria, cuando el sector privado no quiera o no pueda. Traducción: el mercado manda, el Estado obedece.
  • Art. 62: los contratos-ley firmados con inversionistas no pueden modificarse por leyes posteriores, incluso si son lesivos para el interés nacional. Traducción: las mineras y transnacionales tienen más poder que el Congreso.
  • Capítulo económico: blindaje de la propiedad privada sobre cualquier interés social, prohibición de expropiaciones salvo pago previo, garantía de libre competencia y libre comercio como dogmas intocables.

En resumen, el candado neoliberal del 93 protege los privilegios de la oligarquía y el capital extranjero y condena a la clase trabajadora y campesina a vivir bajo un sistema donde la riqueza del país se fuga y la miseria se queda.

Por qué una Asamblea Constituyente es urgente

Reformar la Constitución del 93 desde dentro es prácticamente imposible: sus propios mecanismos exigen supermayorías inalcanzables y un Congreso que jamás representará a las mayorías populares. Por eso la única salida es convocar una Asamblea Constituyente libre, soberana y popular, con poder para redactar una nueva Carta Magna que:

  • Reconozca el control popular sobre los recursos naturales.
  • Devuelva al Estado un rol central en la planificación económica.
  • Garantice derechos laborales plenos y estabilidad en el empleo.
  • Plantee un modelo plurinacional que reconozca y respete a los pueblos originarios.
  • Establezca mecanismos de democracia directa y revocatoria de autoridades.

Los enemigos de la Constituyente: la burguesía y sus lacayos políticos

La gran burguesía, los medios corporativos y los partidos del sistema tiemblan ante la idea de una Constituyente porque saben que es el único camino para romper su dominio legal e institucional. Argumentan que “genera inestabilidad” o que “espanta las inversiones”, pero lo que en realidad temen es perder el marco jurídico que les permite saquear el país impunemente.

El candado del 93 es su seguro de vida. Sin él, el pueblo tendría en sus manos la llave para cambiar la estructura económica y política de raíz.

El pueblo ya lo exige: de las calles a la Constituyente

Desde las luchas contra las privatizaciones en los 90 hasta las protestas recientes contra el gobierno ilegítimo y el Congreso corrupto, la demanda de Asamblea Constituyente ha estado presente en las calles. No es una consigna de moda: es la síntesis de décadas de resistencia contra el neoliberalismo.

Chile nos mostró que el pueblo movilizado puede arrancar un proceso constituyente a pesar de las resistencias del sistema. En el Perú, la correlación de fuerzas será aún más dura, pero la única garantía de victoria es la organización popular sostenida y la presión desde abajo. Solo la izquierda nos hará libres.

La nueva Constitución debe ser antineoliberal y anticapitalista

No basta con cambiar algunos artículos o hacer una “Constituyente light” para maquillar el modelo. La nueva Carta Magna debe romper con el capitalismo dependiente y semicolonial, establecer control obrero y comunitario sobre los medios estratégicos de producción y garantizar que la economía sirva a las necesidades de la mayoría, no a la acumulación privada.

Como enseñó Mariátegui, no queremos calcar ni copiar: queremos crear una Constitución peruana, desde nuestras realidades y nuestras luchas, que reconozca el papel central de la clase trabajadora y de los pueblos originarios en la construcción de un país libre y soberano.

Conclusión: Asamblea Constituyente YA

El candado neoliberal del 93 no se abrirá con las llaves del Congreso ni con las promesas de los partidos del sistema. Se romperá con la fuerza organizada del pueblo. La Asamblea Constituyente no es un fin en sí mismo, sino el primer paso para desmontar el modelo de saqueo y explotación y construir un nuevo Perú, socialista, plurinacional y soberano.

Redacción Izquierda

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