Educación sin lucro: gratuidad universitaria y ciencia al servicio del pueblo

En el Perú y en buena parte del mundo, la educación superior ha sido secuestrada por la lógica del mercado. Universidades convertidas en empresas, conocimiento reducido a un producto que se compra y se vende, y estudiantes tratados como clientes, no como ciudadanos en formación. El neoliberalismo transformó el derecho a estudiar en un privilegio para quienes pueden pagarlo, condenando a millones a quedar fuera por razones económicas.

Esta mercantilización no es un accidente: responde a una política deliberada de transferir la educación pública al sector privado, mediante recortes de presupuesto, desprestigio mediático de las universidades estatales y apertura indiscriminada de universidades con fines de lucro. El resultado es un sistema que no forma para la emancipación, sino para el mercado laboral precario y la reproducción del orden capitalista.

La deuda y la exclusión: barreras que perpetúan la desigualdad

En la lógica neoliberal, el acceso a la universidad está mediado por la capacidad de endeudarse o pagar matrículas abusivas. Miles de jóvenes abandonan sus estudios porque no pueden costear las mensualidades, los materiales, el transporte o incluso la alimentación necesaria para sostenerse.

Quienes logran graduarse a costa de préstamos terminan cargando con deudas por décadas, lo que limita su capacidad de organización, consumo y decisión personal. Así, la educación, que debería liberar, se convierte en una cadena financiera que sujeta a los egresados al sistema.

Gratuidad universitaria: inversión social, no gasto

La gratuidad universitaria no es un lujo, es una inversión en el desarrollo del país. Los países con mayores niveles de educación gratuita y pública —como Cuba, Alemania, Argentina o Finlandia— demuestran que cuando el acceso no depende del dinero, la matrícula y el egreso crecen, la investigación se fortalece y la economía nacional se beneficia.

Un sistema de gratuidad real implica:

  • Matrícula y mensualidades cero en universidades públicas.
  • Becas de manutención para estudiantes de bajos recursos.
  • Inversión sostenida en infraestructura, laboratorios y bibliotecas.
  • Financiamiento con impuestos progresivos a grandes fortunas y corporaciones.

Esto no solo es posible: es urgente en un país donde la exclusión educativa reproduce el círculo de pobreza y subdesarrollo.

Ciencia al servicio del pueblo, no del capital

La universidad no puede limitarse a producir mano de obra calificada para las empresas. Su función social debe ser generar conocimiento y tecnología al servicio de las necesidades del pueblo: resolver problemas de salud pública, desarrollar producción agroecológica, planificar ciudades sostenibles, mejorar procesos industriales en manos nacionales.

Hoy, gran parte de la investigación universitaria está condicionada por financiamiento privado que orienta los temas hacia lo que es rentable para el capital, no hacia lo que es necesario para la sociedad. La dependencia de patentes extranjeras, la fuga de cerebros y la ausencia de investigación aplicada a los problemas nacionales son consecuencias directas de este modelo.

Reforma universitaria popular y democrática

Una educación universitaria al servicio del pueblo requiere una reforma integral que rompa con el esquema mercantilista. Ejes centrales:

  • Gobierno universitario democrático con participación paritaria de estudiantes, docentes y trabajadores.
  • Plan nacional de investigación vinculado a necesidades sociales, ambientales y productivas del país.
  • Extensión universitaria obligatoria para que el conocimiento llegue a comunidades, barrios y centros laborales.
  • Protección laboral y salarial para docentes e investigadores, evitando la precarización.

El ejemplo de Cuba: ciencia y educación como pilares de soberanía

Cuba demuestra que un país con recursos limitados puede convertirse en potencia científica cuando la educación y la investigación son gratuitas y planificadas. La creación de vacunas propias, avances médicos reconocidos mundialmente y la formación de profesionales enviados en misiones solidarias son logros que ningún modelo privatizado ha igualado en la región.

En el Perú, una política similar permitiría:

  • Desarrollar tecnología minera limpia para proteger ecosistemas.
  • Fortalecer la soberanía alimentaria con investigación en semillas nativas y técnicas agroecológicas.
  • Crear industria farmacéutica nacional para reducir dependencia de importaciones.

Educación sin lucro: una lucha de clases

La pelea por la gratuidad universitaria y por una ciencia al servicio del pueblo no es un tema “técnico” o “académico”: es una lucha de clases. La burguesía quiere una universidad elitista, que forme gerentes para sus empresas y técnicos que no cuestionen el orden establecido. Un pueblo consciente y formado es un peligro para el sistema.

Por eso, la consigna debe ser doble: educación como derecho universal y conocimiento como bien común. Sin romper el dominio del capital sobre la educación, toda reforma será limitada y reversible.

Redacción Izquierda

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