La muerte de Charlie Kirk: no se puede defender a un vocero del sionismo

Charlie Kirk, fundador de Turning Point USA y una de las caras más visibles del trumpismo joven, murió el 10 de septiembre de 2025 tras recibir un disparo durante un evento en la Utah Valley University. La noticia fue confirmada por múltiples medios internacionales y regionales.

Tras una intensa búsqueda, las autoridades detuvieron a un sospechoso, mientras se difundían detalles sobre el arma y las evidencias digitales asociadas al caso; el propio gobernador de Utah explicó que el detenido no estaba cooperando. La investigación continúa y la administración Trump ha utilizado el crimen para solicitar más fondos de seguridad. Los hechos están claros: fue un asesinato político en un campus universitario.

Repudiamos la violencia política venga de donde venga. Pero eso no obliga a blanquear la trayectoria ideológica del fallecido. Kirk no fue “una voz cualquiera”: fue un altavoz del sionismo y de la ultraderecha.

Charlie Kirk y el sionismo: una alianza orgullosa y militante

Kirk se definía como defensor de los judíos y del Estado de Israel y, a la vez, fue señalado en varias ocasiones por declaraciones islamófobas y racistas. Su plataforma mediática y su organización activaron redes a favor de la agenda pro-Israel en espacios juveniles y universitarios.

Prensa israelí afín al establishment lo reconocía como “uno de los pocos con alcance y coraje para defender a Israel” ante una generación escéptica. Eso no lo “moderaba”: al contrario, lo convertía en un operador ideológico del proyecto colonial israelí.

En julio de 2025, Kirk sostuvo que “Israel no está matando de hambre a Gaza” —una negación frontal de la realidad humanitaria que organismos internacionales y periodistas documentan desde hace meses— y difundió material para respaldar esa narrativa. Negar el hambre es negar el crimen.

Medios internacionales han subrayado repetidas veces su alineamiento pro-Israel; incluso publicaciones críticas lo describen como defensor del sionismo, pese a ocasionales roces con sectores israelíes por tácticas o comunicados puntuales. La línea de fondo nunca cambió: apoyo político a la maquinaria de ocupación.

No hay defensa moral para el sionismo

Desde una perspectiva marxista-leninista, el sionismo es una ideología colonial funcional al imperialismo: desplaza pueblos, encierra a la población nativa y se sostiene en la violencia estatal, la apropiación de tierras y el régimen de apartheid. La unidad de la clase trabajadora no se puede construir sobre la base de la opresión de un pueblo. Quien legitima ese orden —con discursos, fondos o campañas— se ubica del lado del opresor.

Por eso no se puede “defender” a Kirk en abstracto, como si su muerte borrara su obra política. No hay equidistancia posible entre las víctimas palestinas y quienes han trabajado para justificar su aniquilación cotidiana con eufemismos sobre “seguridad” o “autodefensa”. La ética revolucionaria no canoniza propagandistas del colonialismo.

El dispositivo mediático de la derecha: mártir útil, agenda intacta

Horas y días después del asesinato, la derecha internacional convirtió a Kirk en un mártir. En España, VOX le rindió homenaje como si se tratara de un caído militar; en EE. UU., el gobierno pidió decenas de millones adicionales para seguridad estatal. La operación política es evidente: aprovechar el crimen para blindar su aparato y desviar la conversación de la crítica a su agenda.

Incluso desde la Casa Blanca, figuras del trumpismo estrecharon el lazo simbólico con el difunto para reafirmar su hegemonía cultural en medios y redes. Lo que buscan es inmunidad moral para sus políticas y censurar cualquier crítica llamándola “odio”. No lo aceptamos.

Política y memoria: duelo sin impunidad ideológica

Condenar el asesinato no implica olvidar. La izquierda no se deja arrastrar a la sentimentalización que exige silencio ante trayectorias políticas concretas. Kirk empujó una agenda antiobrera, racista y sionista; banalizó crímenes de Estado y negó la catástrofe humanitaria en Gaza. La memoria crítica es un deber.

Mientras Hollywood hacía sus gestos públicos sobre Palestina y sectores conservadores exigían homenajes para Kirk, la discusión real es otra: cómo frenamos el colonialismo y el genocidio que su discurso ayudó a normalizar. Sin eso, todo “duelo” es propaganda.

Lo que sigue: organización, claridad y solidaridad internacionalista

  1. Ni lágrimas ni blanqueos: la izquierda repudia la violencia política, pero no cede terreno a la narrativa que busca santificar a un operador del sionismo. No se puede defender a quien defiende el apartheid.
  2. Redoblar la solidaridad con Palestina: apoyar el boicot, desinversión y sanciones; exigir alto el fuego permanente, fin del asedio y juicio a los responsables de crímenes de guerra; acompañar a los sindicatos y organizaciones estudiantiles que resisten la censura pro-Israel.
  3. Combatir la desinformación: desmontar, con datos y pedagogía política, los mantras negacionistas del hambre y la devastación. No habrá paz sin justicia.
Redacción Izquierda

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