La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha desatado una tormenta mediática al proponer oficialmente la sustitución del término «patria» por «matria» en la retórica estatal y los libros de texto, argumentando la necesidad histórica de «reconocer a las mujeres». Sin embargo, para la clase trabajadora y las mujeres proletarias, este giro lingüístico no es más que una cortina de humo violeta.
Mientras el Palacio Nacional se ocupa de la semántica, en las maquiladoras de Ciudad Juárez y en los campos de San Quintín, la explotación femenina sigue intacta bajo la vieja lógica del capital. La «matria» de la Cuarta Transformación (4T) corre el riesgo de ser, simplemente, la misma jaula de siempre, pero pintada de otro color.
Engels y el origen de la opresión
Para entender por qué cambiar una vocal no cambia la realidad, debemos volver a Friedrich Engels y El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. La opresión de la mujer no nace del lenguaje, sino de la aparición de la propiedad privada y la necesidad de la clase dominante de controlar la herencia y la fuerza de trabajo.
Que el Estado mexicano se llame ahora «matria» no altera su carácter de clase. Sigue siendo un aparato burocrático-militar al servicio de la burguesía (nacional y extranjera). Si la «matria» sigue garantizando las ganancias de las transnacionales mineras canadienses o de las automotrices norteamericanas a costa de los bajos salarios de las obreras mexicanas, entonces el término es una burla. El patriarcado no se derrumba editando el diccionario, se derrumba aboliendo las condiciones materiales que convierten a la mujer en una mercancía doméstica y laboral.
Alexandra Kollontai y la falsa sororidad interclasista
La propuesta de Sheinbaum es el ejemplo perfecto de lo que la revolucionaria rusa Alexandra Kollontai definía como feminismo burgués. Este feminismo busca la igualdad dentro del sistema, busca que la mujer tenga el mismo derecho a explotar o a gobernar que el hombre, pero olvida a la mujer trabajadora.
¿De qué le sirve a la madre buscadora de Sonora o a la obrera textil de Puebla que se diga «matria» si la Guardia Nacional sigue militarizando el país? ¿Mejora la palabra «matria» la mesa de las familias que sufren la inflación alimentaria de este 2025? Kollontai nos enseñó que no existe una «unidad de las mujeres» por encima de las clases. Hay mujeres burguesas (como la élite política de Morena) que administran el sistema, y mujeres proletarias que lo sufren. La medida de Sheinbaum contenta a la academia progresista, pero no alimenta a la clase obrera.
La realidad sangrante: Feminicidios e impunidad
El idealismo de la 4T choca frontalmente con el materialismo de la sangre. México cierra el año 2025 con cifras de feminicidios que siguen siendo alarmantes (más de 10 diarios en promedio), una herida abierta que no se cura con retórica inclusiva.
El Estado, sea patriarcal o «matriarcal» en nombre, ha fallado en garantizar la vida de las mujeres porque la violencia en México es estructural, derivada de la descomposición social del capitalismo dependiente y del poder del narco-Estado. Cambiar el nombre del territorio no borra la impunidad del fiscal, del policía o del juez corrupto. La verdadera reivindicación de la mujer no es simbólica, es justicia revolucionaria: castigo a los culpables, desmantelamiento de las redes de trata y socialización de las tareas de cuidado que hoy esclavizan a la mujer en el hogar.
Conclusión: Emancipación real, no gramatical
Desde Diario La Izquierda, no nos oponemos a la visibilización de la mujer en la historia, pero rechazamos que se use como coartada para no tocar los privilegios económicos.
La propuesta de la «matria» es un fetiche ideológico. Pretende hacernos creer que el cambio ya llegó porque cambió el lenguaje. Pero como marxistas, sabemos que el ser social determina la conciencia, y no al revés. Mientras las relaciones de producción sigan siendo capitalistas, la «matria» de Sheinbaum será tan opresora para la trabajadora como la vieja «patria» de los conservadores.
La verdadera liberación de la mujer vendrá de la mano de la abolición de la esclavitud asalariada, no de la reforma del vocabulario. Menos «matria» y más salario digno, salud universal y poder popular.


