Lo que la administración demócrata anterior mantuvo bajo una hipócrita «flexibilización condicionada», la Casa Blanca de Donald Trump ha decidido aniquilar de un plumazo. En una nueva orden ejecutiva firmada ayer desde el Despacho Oval, el mandatario estadounidense ha reactivado la política de «máxima presión» contra la República Bolivariana de Venezuela, imponiendo un paquete de sanciones que prohíbe cualquier transacción financiera con PDVSA y amenaza con represalias secundarias a cualquier empresa extranjera que comercie con Caracas.
No es diplomacia; es terrorismo económico. El imperialismo yanqui, en su desesperación por recuperar su hegemonía energética, ha declarado una vez más la guerra al pueblo venezolano, utilizando el hambre como arma de destrucción masiva.
Lenin y la fase superior del saqueo
Para comprender por qué Trump ataca ahora con tal virulencia, no debemos mirar sus discursos sobre la «libertad», sino leer a Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo. La política exterior de Estados Unidos no está guiada por valores morales, sino por la necesidad de los monopolios de controlar materias primas y mercados.
Tras un año 2025 donde los precios del petróleo oscilaron y la hegemonía del dólar siguió debilitándose frente al bloque BRICS, Washington necesita desesperadamente asegurar el control sobre las reservas de crudo más grandes del planeta, situadas en la Faja del Orinoco. Trump actúa como el gerente agresivo de las corporaciones energéticas texanas (Chevron, Exxon), para quienes la soberanía venezolana es un «obstáculo comercial». Las sanciones no buscan «democracia»; buscan la privatización de PDVSA y la entrega de la renta petrolera al capital financiero norteamericano.
La mentira humanitaria y la realidad proletaria
El discurso de la Casa Blanca afirma que las sanciones son contra «la jerarquía del régimen». Sin embargo, la realidad material demuestra que esta es una guerra contra el proletariado. Al bloquear la capacidad del Estado venezolano para importar repuestos, medicinas e insumos industriales, Trump está atacando directamente el estómago de la clase trabajadora.
Como señalaba Mao Tse-tung, el imperialismo tiene una doble cara: es un tigre de verdad porque devora personas (a través del bloqueo que impide cirugías a niños o la llegada de alimentos), pero es un tigre de papel porque, a largo plazo, no puede vencer la voluntad de un pueblo organizado. La burguesía venezolana («los apellidos», como se les llama popularmente) y los sectores acomodados de Caracas tienen sus dólares a salvo en Miami; quien sufre el rigor de estas medidas es la mujer del barrio, el obrero de la construcción y el campesino. Es un castigo colectivo, ilegal bajo cualquier norma del derecho internacional, diseñado para causar dolor social y forzar un estallido interno.
Mariátegui: Contra el panamericanismo de la sumisión
Esta nueva agresión confirma la vigencia del pensamiento de José Carlos Mariátegui. El Amauta nos advertía que el panamericanismo dirigido por Estados Unidos es una ficción para enmascarar el dominio yanqui. Trump, con su retórica de «América para los americanos» (es decir, para Estados Unidos), trata a Latinoamérica no como una región de naciones hermanas, sino como su patio trasero y despensa de recursos.
La complicidad de los gobiernos cipayos de la región, que probablemente aplaudirán estas medidas en la próxima cumbre de la OEA, demuestra la división fundamental que atraviesa el continente: por un lado, los pueblos que luchan por su segunda independencia; por el otro, las oligarquías que actúan como capataces del amo del norte.
La resistencia es el único camino
Venezuela ha demostrado una resiliencia histórica. Si Trump cree que con decretos firmados en Washington podrá doblegar a los herederos de Bolívar, comete el mismo error de cálculo que sus predecesores.
Desde Diario La Izquierda, condenamos enérgicamente este bloqueo criminal. Las sanciones de diciembre de 2025 no son un signo de fortaleza de Estados Unidos, sino de su decadencia moral y política. Al no poder competir económicamente ni convencer políticamente, el imperio recurre a la fuerza bruta del chantaje financiero.
La solidaridad internacional debe activarse. Defender a Venezuela hoy es defender el derecho de cualquier nación a no ser colonia. ¡Abajo el bloqueo genocida! ¡Yankees go home!


